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¿ELLAS VERDURA Y ELLOS CARNE?

¿Tenemos cierto sesgo de género en los hábitos nutricionales y convenciones sociales respecto al consumo de carne de las mujeres y los hombres? ¿Ellos comen carne y ellas ensalada? Desmitifiquemos

En nuestro restaurante La Abadía Ibéricos si una pareja, mujer y hombre, piden una presa de bellota 100% ibérica a la parrilla y una ensalada no presuponemos que la ensalada se la comerá ella. Esto responde a un sesgo de género en los hábitos nutricionales y los convencionalismos sociales que a veces se tienen.

Según un estudio de la Autoridad Europea para la Seguridad de los Alimentos (EFSA), no existe evidencia científica que justifique un mayor consumo de proteínas animales en los hombres. 

El ser humano ha evolucionado en un contexto en el que la comida no venía etiquetada para hombres o mujeres. No existen diferentes necesidades nutricionales entre sexos. Es evidente que los hombres tienen más masa muscular, puede que necesiten más calorías, pero no requieren más carne por una supuesta necesidad de proteínas. En cambio, las mujeres en determinados momentos de su vida pueden presentar carencias de hierro, cuando menstrúan, o de ácido fólico, cuando están embarazadas, asegura la investigación. De hecho, genéticamente, la que necesitaría más reservas sería la mujer porque asume ese gasto extra en el embarazo y la lactancia, pero su cuerpo ya dispone de las reservas necesarias para afrontarlo. En la actualidad, las diferencias nutricionales entre ellos y ellas no responden a algo biológico sino cultural, y no existen argumentos genéticos que justifiquen esa querencia masculina por la carne o de las mujeres por los vegetales.

La percepción de que los hombres de verdad son carnívoros se ha analizado en otro estudio en los Países Bajos donde se preguntaba a jóvenes holandeses de origen chino o turco frente a nativos holandeses si comer carne era “cosa de hombres”. Cuanto más tradicional y patriarcal era su cultura, afirman los investigadores, más sesgo de género manifestaban. 

También podrían variar estos estereotipos dependiendo de la categoría profesional o la formación, como muestra otro estudio, en este caso orientado a carpinteros e ingenieros finlandeses. Mientras los primeros aludían a la carne como fuente de energía necesaria para su trabajo físico, los ingenieros preferían vegetales y disfrutar de la comida como un placer. En cuanto al hecho de cocinar, a los carpinteros no se les pasaba por la cabeza porque lo consideraban “poco masculino”, mientras que los otros preferían elaborar su propia comida.

El estereotipo de “hombre-hombre” carnívoro tiene mucho que ver con la interpretación que se ha hecho de la Prehistoria y el imaginario donde los neandertales cazadores comían carne, mientras las mujeres cuidaban de sus hijos en la cueva comiendo bayas. 

¿Cómo saber el reparto real de roles y de alimentación? No estábamos allí, no hay documentos, no sabemos nada con certeza: solo podemos interpretar y deducir, con un sesgo, a partir de lo que vemos en los restos óseos y la industria lítica.

En todo caso debemos descartar de nuestro imaginario colectivo este tipo de afirmaciones de género que no responden a cuestiones objetivas ni científicas.